lunes, 23 de enero de 2012

Mª del Carmen Asensio Inés

Mª del Carmen Asensio Inés


Debió nacer en tierras salmantinas allá por el año 1948. Aprobó las oposiciones para profesora de Lengua y literatura, en BUP y COU, impartido en Institutos y Bachillerato. Para ello tuvo que venirse a ejercer como tal a Burgos. Estuvo de profesora en el hoy I.E.S. Comuneros de Castilla, en el cual ha seguido hasta su jubilación.

Estando de docente conoció a un compañero: Félix, del cual se enamoró. El noviazgo no prosperó y al final cada uno siguió haciendo escribiendo su historia.

Pasados muchos años, cuando ya ambos contaban cuarenta y tantos, volvieron a reencontrarse y acabaron casándose en la Iglesia parroquial de Frandovínez.

No tuvieron descendencia, pero con ello ya contaban ya que Carmen tuvo problemas anteriormente de salud, que la impedía la descendencia.

El construyó una casa en Frandovínez y en ella crearon el nidito de amor.

Con el paso del tiempo, contando ya cincuenta y bastantes años, empezó a tener problemas de visión que a la larga tumbarían su carrera profesional. Se jubiló siendo Catedrática de su asignatura. Cesó antes de los sesenta años, por los problemas con la visión, ya que ella es fundamental tenerla bien para desarrollar la docencia.

Al poco de jubilarse comenzaron otros problemas de salud que acabarían con su vida con sesenta y pocos años.

En Frandovínez estuvieron integrados en el coro parroquial.

Murió y fue enterrada en su tierra salmantina en 2010.

En resumen, una vida corta para nuestros tiempos pero que vivió bajo su gran pasión, la docencia, y que en los últimos años de su vida compartirla con el hombre del que siempre estuvo enamorada. Para la posteridad también dejó escrito un libro: “Gradación de procedimientos que desarrollan nuevas actitudes para atender a la diversidad en el aula de lengua castellana y literatura en el curso 3º. de la E.S.O.”

Descanse en paz.







A continuación pongo lo que he encontrado en internet sobre ella, de gente, principalmente alumnos, después de enterarse de su fallecimiento.



Hace unos días (mayo 2010) me dijeron que había muerto una profesora que me dio clase en el instituto. Se llamaba Carmen Asensio e impartía Lengua en Comuneros de Castilla. También me dijeron que murió otro profesor del centro, Ezequiel, que daba Matemáticas pero yo no llegué a coincidir con él. Carmen Asensio era dura, exigente, borde incluso, pero era también justa, le gustaba mucho lo que hacía y, a pesar de que en esa época la mayoría de los que estábamos en clase, por no decir todos, éramos unos insufribles adolescentes con las hormonas alteradas y el cerebro un pelín reblandecido, siempre intentaba tratarnos como adultos. A pesar de que nos faltaban algunos veranos para serlo. Y por eso también se enfadaba cuando nos comportábamos como niñatos.

Es cierto que tenía ganada la fama de ogro entre los alumnos. Más, como fue mi caso, cuando la tuve como profesora en 1º de BUP, recién llegado del colegio. Le gustaba que en sus clases la gente estuviera sentada siempre en el mismo sitio, por lo que cuando llegaba su hora, al revuelo de cambio de asientos también se sumaba el cosquilleo en el estómago. En sus clases había que participar porque fomentaba, sobre todo, que los alumnos pensaran por su cuenta. Por eso, creo que eso lo he podido confirmar con el paso de los años, lo que le cabreaba no era que un alumno respondiera erróneamente o no supiera la respuesta sino los balbuceos o la mirada perdida con la que en demasiadas ocasiones nos evadíamos. Más que la estupidez, que también, lo que no le gustaba era la indiferencia.

Su forma de enseñar era diferente y el mejor halago que un docente puede recibir es que sus ex alumnos le recuerden después de más de 20 años. Posiblemente también esa manera de enseñar no gustara entre los remilgados que han contribuido a que los profesores sean impotentes espectadores de esos pequeños tiranos que se hacen más fuertes gracias a ese buenísimo pedagógico. Carmen sabía cómo solucionar esas situaciones y quien haya estado en sus clases y tenga memoria se acordará. (Manuel Remon)



todo es cierto... hasta siempre Carmen. Eduardo Cerdá Romero


¿Se murió Carmen Asensio y Ezequiel??????? Pero si no eran mayores, pues lo siento mucho.
Cristina Rodríguez Amado


Mi primer encontronazo con Carmen acabo conmigo fuera de clase, pero es una de las profesoras que recuerdo con más cariño. Mónica Rodríguez


Recordaré siempre con cariño a esa profesora , esta frase se me quedó grabada "creí que y pensé que son amigos de tonteque". Perdona Carmen por haberte sacado de tus casillas mil y pico veces y gracias María Cuadrado Rodríguez


Estudié egb, bpr, cou y la carrera. Carmen Asensio figura entre las mejores profesoras que he tenido. Recuerdo cuando nos mandó leer "Últimas tardes con Teresa" Lo siento mucho. Lola Ortiz Aguila


Carmen Asensio marcó mi adolescencia. Una de las mejores profesoras que he tenido; gran persona, auténtico genio y figura. Dominaba los espacios y los tiempos en las clases como nunca. Nos hizo en cierto modo madurar como personas y pasar de la niñez a la vida adulta. Guardo grandes recuerdos de sus clases y realmente me ha impactado mucho saber que había fallecido. Una de esas personas a las que realmente le gustaba su trabajo. Hasta siempre Carmen!!! Helios Sacristán Terradillos


Me encanta lo bien que se recuerda el paso del tiempo. Para mi Carmen Asensio fue una profesora durísima, centrada y acostumbrada a un sistema arcaico basado en su superioridad y en el dar miedo a los alumnos. El encontronazo con ella fue mítico y lo recuerdo con cariño, pero no sus clases, las cuales me aburrían mortalmente y por supuesto, un absoluto desprecio a su escritor fetiche: Julio Cortazar, cuya obra, Rayuela, me parecio imposible de leer cuando me puse a ello. Sin embargo, QDP
José Luis Pardo


Si, yo también la recuerdo como una profesora muy dura pero aun así hay momentos de sus clases que jamás me olvidare y... José, ¿Te acuerdas cuando nos echaba de clase? Si, descansa en paz Asensio.
Gonzalo Gil Sanmartí


Esa gente que nunca olvidas.

A veces me da por buscar, a través del omnipresente Google, a esa gente que nunca olvidas del todo. A esas personas que pasan por tu vida influyendo en ella en mayor o menor grado y que, de un día para otro, desaparecen de las mismas. Son esas personas como esos actos, vivencias... que no sospechamos que se van a acabar algún día hasta que ha pasado ya mucho tiempo y te das cuenta, mirando atrás, que sólo hablas ya de ellas en pretérito.

Hechos, personas de las que no te despides porque nunca piensas que vaya a ser la última vez que los realizas, o que las ves.

En éste caso me dediqué a buscar a uno de mis ex-profesores del instituto, en Burgos. Se trataba de Carmen Asensio, que fue mi profesora de lengua española creo que en primero o segundo de bachillerato; ahora no lo recuerdo bien.

A quien sí recuerdo bastante bien era a Carmen. Era una profesora dura de rostro duro. A veces pienso que tenía una personalidad tipo Reverte, de las que no le gustan los pusilánimes ni las medias tintas. Carmen era una persona muy estricta con sus jóvenes estudiantes, a la que hoy en día muchos tildarían con el recurrente y mal usado “fascista”.

Recuerdo y expongo por aquí sin rubor que ella misma me hizo llorar (que yo tenía 14 años) porque me puso a parir delante de toda la clase al no haberme callado la boca (y es que no cambio ni a tiros) ante uno de sus ataques verbales. Por supuesto, un crío de 14 primaveras no era rival dialéctico para una versada profesora de la lengua española con en torno a medio siglo a sus espaldas, que además jugaba el rol mandamás con todos los naipes en su mano, por lo que no tuve ninguna oportunidad en ese momento (hoy en día otro gallo cantaría!). Pero no le guardo rencor por eso, no. Ni por eso ni por nada más, os lo aseguro.

El caso es que se quedó con mi cara, así que en esos momento temí un curso terrorífico, cuando menos en la asignatura que Carmen impartía. Todo cambió cuando cogió un cabreo al llegar a clase y no haber tizas disponibles (tizas que habitualmente nos lanzábamos los unos a otros en los cambios de clase, disputándonos las de colores que eran redondas y más compactas que las blancas cuadradas, por lo que hacían más pupa). Así pues Carmen pidió (no recuerdo si amablemente, pero creo que no) que alguien se levantara fuera a por tizas a la conserjería. Ante la duda y el acongojo general, me levanté yo. Al hacerlo y marchar hacia la puerta soltó algo así como un “Anda! Si es cojo y todo!”, cosa que he de decir no me alteró en absoluto, pues uno ya estaba curado de espantos en éste sentido desde la EGB en cuanto a mi cojera congénita se refería.

La cosa es que mis compañeros de clase le dijeron, al salir yo, que efectivamente era cojo; que lo había sido siempre y que lo más seguro es que lo siguiera siendo hasta el fin de mis días. A lo que a Carmen se le debió caer la cara de vergüenza al haber querido ridiculizar a un chaval por una tara que ella creía temporal y que no lo era.

Tras la clase, Carmen se dirigió a mí y se disculpó personalmente por lo que me había dicho. No sé si sería por sentimiento de culpa o por que no le hice ningún reproche, pero desde ese día Carmen nunca fue dura conmigo. De hecho tuvimos una relación de casi amistad. Siguió siendo una persona dura, que no toleraba la falta de respeto ni muchas otras cosas. Temida y odiada por la mayoría de los alumnos, pero a fin de cuentas creo que una gran profesora.

Al acabar el curso, aprobé su asignatura sin mucha pena ni gloria (creo recordar que con un 6,5) y los años posteriores en el instituto, el Comuneros de Castilla, siempre charlaba con ella un ratito si me la encontraba por los pasillos.

Más de 20 años después me he seguido acordando muchas veces de Carmen, y me preguntaba qué sería de ella. La supondría aún en el instituto, o en alguna que otra institución lingüística (ojalá incluso ocupando alguno de los sillones con letras de la RAE!) así que me puse a buscarla. En varias ocasiones no encontré nada, hasta hoy.

Hoy encontré un artículo de opinión de un antiguo amigo del Instituto. Un amigo que fue de mi hermano y luego también compañero mío. Se trata de Manuel Remón, que trabaja desde hace tiempo en periodismo y concretamente en el Correo de Burgos. Manuel relataba somera pero concisamente su opinión y recuerdo de Carmen, la cual suscribo totalmente. También contaba que Carmen había fallecido, supongo que en el 2010. No pudo más que entrarme una profunda sensación de tristeza al enterarme de ello. Con Carmen muere una parte de mi pasado, como supongo que seguirá pasando con otras personas conforme continúe mi vida.

No he podido contactar con Manuel para saludarle y agradecerle las palabras que ha tenido por Carmen, que de seguro ayuda a que los que la conocimos no nos olvidemos de ella.

Desde estas líneas, agradezco a Manuel dichas palabras y dejo aquí mi propio artículo para honrar y recordar a aquella profesora de la que podría haber aprendido más de lo que quiso enseñarnos y que era lo suficientemente “diferente” como para recordarla y venerarla después de tanto tiempo.

Adiós, Carmen.
Dani Mann

1 comentario:

  1. Es curioso, pero los profesores que más recuerdo, y en general con cariño, son aquellos que fueron más duros.

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